La Ola

El motor de la embarcación se había estropeado en altamar. El silencio era desolador. Varias horas a la deriva y ni un solo barco a la vista. El cielo se cubría de nubarrones más negros que el carbón. Las primeras gotas de lluvia fue el preludio de la tormenta que se desató. El barco se balanceaba de un lado a otro amenazando con hundirse.

Pero… Cuando la vi, yo… No… […] era gigantesca, aquella ola no era normal; parecía qué en su vértice cientos de humanos perecían en sus entrañas. Eran diminutas sombras, irreales, sin embargo, se veía tan real que el terror entró en mi cuerpo. Y grité, grité como un loco hasta que aquella cosa me engulló en el profundo abismo de la oscuridad.

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