#pceudocuentos

Mantente lejos de mí, señaló David, mientras se marchaba gritando:

—Hazte monja, o, metete en un convento.

Cuando David se pasaba con la bebida, cosa que sucedía bastante a menudo, aparecía con varias solicitudes de matrimonio en la mano, señalando que pronto nos casaríamos.

Siempre albergué dudas, pero hasta este momento en el que sobrio me dijo que ya no se casaría conmigo, mantuve la esperanza.

Mientras observaba como se alejaba, sin capacidad para reaccionar, le grité humillada:

—¿Por qué?

Su voz ya lejana llegó hasta mí, casi en un susurro;

—me he enterado que aún no has perdido tú virginidad.

Comprendí que nunca se casaría conmigo. Era despreciable. Un ser ruin que solo pensaba en sí mismo. Pensé, que tal vez fue una suerte descubrir a tiempo como era en realidad.

Marché dispuesta a pasar página y olvidar que alguna vez existió en mi vida; a partir de ese instante supe que la congoja desaparecería.

Microrrelatos seleccionados para esta Antología


Después de una repentina aspereza, el crepúsculo prometía descomponerse

atropellado por nubarrones, que de tanto en tanto mi sentido dirigía

hacía el pasado reciente de sus encolerizas palabras.

Ese firmamento tan recóndito, me aportaba más añoranza,

al no percibir ningún recuerdo de felicidad compartida.

La noche veloz, asaltaba mi pensamiento atravesando mi corazón

quebrantando mi voluntad de mortificados pensamientos.

En el albor del firmamento, entre la densa penumbra, 

percibía mi tristeza, sobre un absurdo vivir que ocultaba mi angustia.

Me abracé con fuerza a un mundo de libertad existente

sin dominadores, donde mis decisiones dependerán solo de mi. 

Allí no hay machistas ni maltratadores y no voy a ceder en mi voluntad para no perderme por el sendero

que deje un solo resquicio a la maldad, porque solo un delito cometí y fue amar con intensidad.