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El decálogo de vivir

La primera vez que la oí pronunciar aquella frase, le pregunté su significado; ella, me miró y la frialdad de sus ojos me hizo estremecer.
—Pero, ¿qué, quieres decir?
Vaciló durante unos segundo antes de continuar, tras los cuales sonrió sarcástica.
—Eres una ignorante. Significa, que nada ni nadie está preparado para lo imprevisto de los sentimientos, ni mucho menos para un cuento de hadas que termina nada más empezar. Créeme. No, ironizo, el corazón se resquebraja en su dura realidad.

La miré asombrada. Sus palabras reflejaban el despecho de una mujer que había sufrido, pero al mismo tiempo, mostraban la imagen de una mujer fuerte como una roca.

—Bueno Sandra, ya está bien de paranoias—dijo Martina con seriedad—tengo dos hijos maravillosos, soy feliz, y tengo una vida que yo misma he fabricado, así que.
¡Viva la dolche vita!
—¡Viva!—respondí, sin más.
En aquel momento Martina…

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Palabras trémulas que se lleva

el tiempo, guardadas en un triste

cajón, donde el polvo se posa y el

silencio se calla anclado en el

corazón.

Dime amor efímero, porqué duele

tanto el amor.

Si la ausencia calla, y el alma

guarda todo el dolor,

seré mujer viajera, con la brisa,

y las tinieblas del corazón.

En la soledad de mi alcoba

rezo en cuclillas y pido

perdón, por ser mujer pecadora

que sólo entregó su amor.



El decálogo de vivir

La primera vez que la oí pronunciar aquella frase, le pregunté su significado; ella, me miró y la frialdad de sus ojos me hizo estremecer.
—Pero, ¿qué, quieres decir?
Vaciló durante unos segundo antes de continuar, tras los cuales sonrió sarcástica.
—Eres una ignorante. Significa, que nada ni nadie está preparado para lo imprevisto de los sentimientos, ni mucho menos para un cuento de hadas que termina nada más empezar. Créeme. No, ironizo, el corazón se resquebraja en su dura realidad.

La miré asombrada. Sus palabras reflejaban el despecho de una mujer que había sufrido, pero al mismo tiempo, mostraban la imagen de una mujer fuerte como una roca.

—Bueno Sandra, ya está bien de paranoias—dijo Martina con seriedad—tengo dos hijos maravillosos, soy feliz, y tengo una vida que yo misma he fabricado, así que.
¡Viva la dolche vita!
—¡Viva!—respondí, sin más.
En aquel momento Martina se convirtió en todo un ejemplo para mí.
 
Texto: Nuria de Espinosa



Nuria de Espinosa
14/10/20

Los componentes de La Esfera te saludan y esperan verte a menudo por aquí.


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El nuevo café por Nuria de Espinosa

En mi calle, la del Torpón, abrían de nuevo la cafetería después de unas mejoras. Fui a tomar un café y me llevé una gran decepción; no quedaba nada de su propia esencia que era lo que le daba una belleza retro, eterna. Ahora parecía sin alma. Llegó José, que fue a comprar el periódico y charlamos. El decía que parecía vacía, hueca. Pero la realidad es que la mejora destrozó el aroma del café de antaño. Nos marchamos a tomar un café al Maurice.

El Maurice, tenía algo especial, encantador; te transportaba sin quererlo a épocas de antaño, como la de los años 50. Su hermosa y delicada decoración sin que le faltase un solo detalle se fusionaba con el perfecto aroma del café. No solíamos ir, por ser bastante cara, pero esa mañana merecia darnos ese pequeño lujo que nuestra economía poco permitía.

Desayunamos como hechiizados por el maravilloso ambiente que provocó en nosotros una paz interior y duradera. Después fuimos a comprarnos un libro; “Viento del este, viento del oeste” y José se compró “La paloma Parda. Tras hacer unas compras en el mercado, marchamos a la calidez de nuestro hogar a disfrutar de la buena lectura.

Dos relatos de mi autoria han sido seleccionados para esta antología entre más de 550 autores.

7 Relatos han sido seleccionados para participar en esta antología de varios autores.