Siguiendo el microrreto literario propuesto por el blog ‘El Tintero de Oro’, acompaño un microrrelato inspirado en el títuto de la película Peter Pan


Isabel vio unas luces que volaban por su habitación. Eran Hanna y Fanny dos hadas. Un año después, en Navidad, Isabel esperaba a las hadas. Había hecho una cajita de madera barnizada, con un pequeño corazón en la tapa. Esperaba nerviosa sentada al borde de la cama. Sin darse cuenta Isabel se quedó dormida.
De pronto dos luces, aparecieron en la habitación. Hanna y Fanny cogieron los regalos, miraron a Isabel y se marcharon para no regresar nunca. No podían revelar su secreto. Si los adultos conociesen su existencia, su mundo, gobernado por la inocencia desaparecería. Isabel, aquel día, había dejado de ser una niña.

Isabel pasó noches, días, años, esperando a sus amigas, preguntándose ¿Por qué no volvieron a visitarla? Se entristeció y una aflicción invadió su mente.
Decidió esperar convencida de que Hanna y Fanny volverían.

Meses después…

—Permanece en estado de melancolía. No sé explicarlo, está ausente—dijo el doctor, frunciendo el ceño. —Desde qué (…).

Evitó continuar, la mujer observaba. Por unos instantes el doctor titubeó y miró a su acompañante, la paciente, aparecía con la mirada perdida. Los doctores se miraron.

Uno, cogió su pluma y anotó: reclusión. El otro hombre escribió:“Continúa en su mundo de fantasía…” —Siguió escribiendo— “… la noche, las hadas, ausente, tratamiento: electroshock”.

Después se marcharon.
Tras la puerta, unas luces aparecieron tras el cristal. Isabel sonrió, abrió la ventana y se dejó fusionar por ese mundo de fantasía en compañía de sus amigas las hadas.